Javier Bardem, como cubano, y la aristocracia de la marginación

| febrero 23, 2022

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Ya que me metí en un primer embola’o por hacer notar el uso de una actriz negra para interpretar a un personaje histórico como Ana Bolena, me va a costar menos meterme en este otro que tiene igual de argumentos absurdos y sin sentido.

Resulta que ha saltado la polémica porque Javier Bardem, actor español muy reconocible por esas mayorías que ven cine o revistas de famosos, interpreta al músico y actor cubano Desi Arnaz en el filme Being the Ricardos. ¿Por qué hay discusión en esto? Algunos creen que es discriminatorio y poco ético que un actor de otra nacionalidad interprete a un cubano en la ficción.

Hagamos un poco de historia.

En 1992 salió publicado el libro Antes que anochezca, del escritor cubano, Reinaldo Arenas, que era, además, homosexual y opositor al castrismo. Su vida en la isla del Caribe fue un verdadero infierno, por estas tres condiciones y por el silencio cómplice y/o cobarde de sus colegas. Cuando el director de cine Julian Schnabel leyó este testimonio desgarrador del poeta cubano no dudó en llevarlo al cine, y realizó una muy buena adaptación dando el papel protagonista al actor español Javier Bardem, quién no solo hizo un excelente trabajo como actor, sino que muchos que disfrutamos la película en su momento creíamos estar viendo al mismo Reinaldo Arenas en la pantalla. Algo de eso también debió apreciar Hollywood que lo nominó como mejor actor en el año 2000.

Ya Javier Bardem interpretó a un cubano antes. Y no ha sido el único que ha interpretado a un personaje que no es de su misma nacionalidad. Busca en tu memoria o en Internet y mira cuántos actores de decenas de países se han metido en las pieles de personajes griegos, romanos o egipcios antiguos. Sin ir más lejos, quedándonos en la actualidad, la serie Narcos está llena de actores latinoamericanos haciendo de latinoamericanos de otros países; incluso el personaje principal, Pablo Escobar, está interpretado por Walter Moura, un brasileño, y más allá de comparaciones históricas, lo hace verosímil, que es lo que importa en la ficción.

Pero es que hemos visto a Rodrigo Díaz de Vivar (El CID campeador) encarnado por Charlton Heston, el actor español Javier Cámara fue el padre colombiano de Hector Abad en la película, El olvido que seremos; Adrien Brody hizo del torero español Manolete, Klaus Kinski se metió en la piel del conquistador español Lope de Aguirre, García Lorca ha sido interpretado por el cubanoamericano Andy García y por no pocos otros actores; y para terminar, Hamlet y Macbeth han hablado en tantos idiomas y acentos que sería imposible nombrarlos todos.

La pregunta sería. ¿Por qué motivos salta esto ahora cuando hemos tenido en todas las latitudes y nacionalidades, actores de todos los acentos y culturas haciendo de otros personajes de decenas de países diferentes?

La respuesta podría ser confusa u obvia. Para mí es lo último. Estamos en un mundo universalizado donde cada personajillo del más intrincado rincón del planeta, con un móvil de gama media baja y conexión a Internet, y que tiene o cree tener, un rasgo diferencial, protesta por lo que sea que le moleste de este mundo globalizado.

¿Es esto malo? No, en principio. Porque derecho a opinar tenemos todos, aunque no tengamos idea de lo que hablamos. El problema viene cuando convertimos ese rasgo diferencial en un argumento de reivindicación sociopolítica hasta el punto de que la mayoría asuma de forma incuestionable y sometida los argumentos que se aplican desde un interés concreto sin tener en cuenta argumentos sólidos y verdaderos, o atendiéndolos, pero tergiversándolos lo suficiente para afianzar una reivindicación irracional.

Un ejemplo es lo que el periodista Rafa Latorre llama la aristocracia de la marginación mediante la cual los argumentos más rocambolescos los asumimos en función de quién los expone. Un judío puede hacer chistes de judíos, pero no puede hacer chistes de negros, a los que sí dejamos que los hagan de otro negro, quien a su vez no puede hacer chistes de judíos, pero ambos sí pueden hacer chistes de blancos. ¿Comprenden el absurdo?

Voy a proponerte un ejercicio.

Eres el director de una película que ya has proyectado en tu mente y donde tienes que contar la vida de Don Quijote. Hacer una película no es barato. Es contar una historia, sí, pero no es sentarte en tu cuarto con un lápiz y una hoja de papel, una máquina de escribir o un ordenador con un procesador de texto. Hay que contratar un guionista, operadores de cámara, actores, maquillistas, asesores, productores, etc… No te preguntaré cómo has conseguido financiación, pero te han puesto una condición: hay que recuperar lo invertido. “Dinero que te dimos, dinero que tienes que devolver.” El cine es arte, pero es también, y muchas veces más, un espectáculo. Y un arte que depende del espectáculo tiene una forma concreta, pero difícil de conseguir, para recuperar lo invertido: que el público vea tu película. Cuántas más entradas vendas o más vistas obtengas en una plataforma online, más opciones tendrás de recuperar lo invertido.

Una pregunta simple: ¿A quién escogerías para hacer tu película sobre Don Quijote si tienes dinero suficiente, a Adrien Brody o al actor español José Ramón Cruz? (Me he inventado el nombre del actor para evitar herir susceptibilidades, pero decide aquí el nombre del actor que quieras). Y es escoger un actor es también una forma de intentar garantizar la recuperación del dinero invertido y lo harás antes con un actor que conocen en cada esquina del planeta que un actor que conozcan en la mitad o sólo en su país. Incluso, lo harás antes si este actor está muy en activo que si sólo hacer papeles secundarios.

Que sí, que hay buenos actores cubanos que podrían interpretar a Desi Arnaz, desde Andy García hasta Steven Bauer, pero de lo que hablamos aquí es hacer visible un producto cinematográfico. Y nadie en su sano juicio prescindiría de Javier Bardem un excelente actor, que es exitoso, que sabe meterse en la piel de múltiples personajes de diferentes acentos y cuyo nombre va a vender más la película internacionalmente.

Y para que nadie considere que soy parcial, ahora le toca coger un buen palo al propio Bardem por su respuesta cuando le hablaron de este tema en la rueda de prensa que ofreció tras conocerse la noticia de haber sido nominado por su papel en Being The Ricardos. Su respuesta fue la siguiente:

 

Somos actores y es lo que hacemos: interpretar vidas de personas que no somos y eso va más allá de las nacionalidades y las orientaciones sexuales. Tiene que ver con el arte de interpretar y eso es algo que no se puede ahora apuntar como si fuese una acción negativa. El arte no se puede enjuiciar más que por la hermosura del acto de crear, de crear algo que a alguien le signifique algo. Y cuando empezamos a poner etiquetas, parches, marcos y límites la creación queda en un lugar muy pobre. Los actores que han hecho trabajos tan extraordinarios en la historia del cine sin ser de los lugares de los personajes que representaban son innumerables y así debe de ser (…) si no nos estamos volviendo locos sino como decía yo tenemos que empezar a pedir el carnet a todos aquellos que interpreten Hamlet y si no son de Dinamarca no lo pueden hacer.[1]

 

Hasta aquí hay poco o nada que reprochar a Bardem. El problema viene con lo que dice después:

 

Si hablamos de minorías hablemos de las minorías españolas. ¿Cuántos personajes españoles hay en el cine internacional? Ninguno. Bueno yo hice dos con Woody Allen, porque pasaba por España, y otro con el pirata del Caribe que se llama capitán Salazar, porque lo hacía yo. A mí no me han ofrecido nunca un personaje español, no hay personajes españoles fuera de la cinematografía española, hay personajes latinoamericanos. Entonces yo sé de lo que hablo cuando hablo de minorías y tenemos que respetar las minorías, pero también tenemos que apoyar a aquellos que somos minorías también intentando representar a otras minorías.[2]

 

Esta segunda parte de la respuesta del actor es innecesaria e irracional como la polémica misma porque da validez a la premisa inicial que él mismo pretende criticar. El gran problema es quizás, que su ideología personal, más socialdemócrata con tintes muy socialistas, le juega una mala pasada y le hace caer una y otra vez en la misma charca de la que intenta salir. Javier Bardem no tiene que justificar su labor profesional ante nadie, tiene una acreditada versatilidad y capacidad para interpretar todo tipo de papeles, y lo hace bien. Si hacemos caso a este argumento irracional en este mundo flácido, líquido y estúpido, plagadito de ofendiditos, nos perderíamos al gran actor que es y estaría restringido a papeles donde solo haga de otros españoles.

Rubén Amón, el periodista español, ha dicho de forma satírica que siguiendo este criterio exclusivo nadie podría hacer de King Kong porque no conocemos gorilas actores. Pensemos en eso.

[1] Europa Press, Rueda de prensa de Javier Bardem tras ser nominado al Oscar, 2022, https://www.youtube.com/watch?v=cV5QShRZAGQ

[2] Ibid.

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