El poder de la imaginación. La creatividad aplicada a la vida

| junio 23, 2011

Desde que vi la primera estatua de mármol, o mejor desde que vi cómo se modelaba, quedé cautivado por el misterio que permite a un hombre agarrar un trozo de piedra, pasarle la mano y ver una imagen bella y plenamente constituida donde los demás vemos una masa informe que sirve para poco más que orinar sobre ella.

¿Qué provoca eso? ¿Qué mecanismos internos incitan a que un creador tenga esa extraña visión futurista de algo que los demás no vemos? ¿Cómo logra un pintor apreciar en su lienzo una cabeza, una mano, un cuerpo, un trazo surrealista donde sólo veo un trozo de tela? ¿Qué lleva a un novelista a tener perfectamente organizado en su cabeza un universo inexistente, un mundo imaginado que sólo vive en el éter que crea nuestro cerebro, imposible de explicar y hacer comprender a otros si no es creado?

A veces es una historia que alguien suelta al azar y nos obsesiona, otras una simple frase, un hecho fortuito que nos llama la atención, y hasta una imagen como la de un espejo que se rompe o una mosca que vuela entre los excrementos. En todo lo que nos rodea existe motivos para la creación. Pero jamás alcanzo a explicarme del todo esa visión increíble de materializar algo que no existe y que es la base de la creación artística. Pero sí existe explicación.

Luego de leer, El poder de la imaginación, de Dina Glouberman, algo (amén de otras explicaciones más racionales) se va aclarando.

No soy un gran lector de libros de autoayuda, pero no me niego ninguna lectura ni empiezo un libro con la estupidez de cerrar mi mente a ser convencido de los argumentos que encierra. Es verdad que no cambio de opinión con cualquier lectura, ni cualquier explicación trastorna convicciones que tengo, que podrían estar equivocadas, aunque a ellas me aferro para no volverme loco en un mundo tan impenetrable.

Este libro no es, como su título podría hacernos pensar, un libro esotérico que busque las polémicas fuerzas ocultas del mundo para hacernos creer en algo que es difícil de aceptar por quienes no tenemos fe religiosa; no intenta convencernos de las hipótesis que plantea, y eso me gusta. Por mi propia forma de ser, por la vida que he vivido y la cultura que he lactado, soy reacio a los talibanismos, a las ideas fanáticas, afiancen o no mis propios argumentos.

Por eso me gusta saber que lo que propone este libro, el trabajo con imágenes, (que algunos llaman visualización) es una terapia más que todos los seres humanos deberíamos conocer y aplicar y que no es nada (no debería ser, por lo menos) excepcional ni obscuro.

A grandes rasgos, El poder de la imaginación nos insta a que nuestra vida debería estar orientada hacia la idea de que no hay metas imposibles, sólo modos equivocados de llegar a ellas. Lo que nos recomienda son una serie de reflexiones muy relevantes, y también unos ejercicios (que es lo que menos me interesa del libro) para lograr “visualizar” (yo usaría imaginar) aquello que más nos obsesiona, preocupa o motiva del entorno que vivimos o del objetivo que pretendemos.

No deja de sorprenderme, porque el término visualización lo conozco hace menos de un mes, y sin embargo, uso este ejercicio mental desde hace mucho tiempo, quizás desde que tengo la literatura como forma de expresión de vida. Nadie me ha guiado hacia las metas que quiero, nadie me ha dicho qué objetivos debo buscar en mi vida, pero en algún momento del pasado yo vi mi futuro; y digo vi con el deseo de que percibas en ello una metáfora. En algún momento que no puedo describir, vi lo que quería, cómo lo quería y qué pasos debía dar para lograrlo.

Quizás fue una reflexión en un momento de paz mental, quizás fue sueño, o varios. Tengo una extraña manera de llegar a soluciones para problemas concretos a través del sueño. Algunos dirán que mi mente ha perdido la frontera entre la esquizofrenia y el sentido común, pero Mulholland Drive, una película de la cual quedé obsesionado porque quería razonar la idea que me proponía, no la entendí completamente hasta que no soñé con ella.

Lo importante es que en algún sueño, en varios, en extrañas circunstancias oníricas, he llegado a resolver problemas humanos que me aquejaban a través de la visualización, de la materialización espiritual de una imagen que no existe. Dice una amiga, que he llegado a la absoluta comunión de cuerpo y espíritu, de mundo material y mundo espiritual. Yo no comulgo con esa idea, pero me gusta.

Me agrada pensar que en algún lugar perdido de mis neuronas o las sinapsis (los caminos entre ellas), tengo un grupo de obreros (los intelectuales hablarían mucho pero trabajarían poco) haciendo de las suyas mientras duermo para que al día siguiente deje de obsesionarme con algo que me quita tiempo para otras cosas más importantes. Quizá una de tantas travesuras más del cerebro que ahora sólo aprendemos a descifrar.

Lo que ya no es muy travieso es pensar que Réquiem, de Mozart –que escucho mientras esto escribo–, La Venus de Milo, considerada por muchos la estatua de mármol más bella del mundo, En busca del tiempo perdido, De Marcel Proust, una de las novelas más totales de la historia de la literatura, o las pinturas El nacimiento de Venus, de Boticelli, o La creación del hombre, esta última que decora la Capilla Sixtina, sean creaciones alguna vez sólo imaginadas, momentos delirantes u oníricos de un hombre de carne y hueso que tuvo un momento o varios de lucidez o locura para sacar una imagen obsesiva de su cabeza y ofrecerla al mundo. Al final las imágenes sí van a tener importancia. Lo interesante es no negarlas.

Loading Facebook Comments ...

Comentarios (1)

 

  1. Irma dice:

    Héctor me da gusto conocerte soy de México. Por otro lado, déjame decirte que en raras ocasiones, sino es que nunca, escribo a alquien en su blog, pero en esta ocasión lo estoy haciendo porque has hecho referencia al libro de Dina Glouberman “El Poder de la Imaginación” que es un libro que leí en su momento y posteriormente lo presté y nunca más regresó. Es un libro que me costó mucho trabajo conseguir y a la fecha ya después de 4 años no he podido ni recuperar ni volver a comprar. Me preguntaba si podrías compartir conmigo una copia de él y a cambio te haría llegar una copia de algún libro sobre como incrementar la facultad de la imaginación que es un libro excelente también.

    Gracias y en espera de tu respuesta.

Escribir comentario

Últimos comentarios

  • Daniel:

    Ví la versión original (para algunos "editada") y me encantó. Ese encantó me llevó a quedarme pegado...

  • paco:

    Ese dilema ya tiene solución: El dilema del tranvía http://www.margencero.com/almiar/dilema-del-tranvia/...

  • Anonimo:

    Gracias... A veces siento que no valgo nada como persona y que soy insignificante. Supongo que no podre...

  • Víctor:

    Tuve la oportunidad de verla por primera vez en renta, sin palabras, la mejor película que he visto...

  • Mónica:

    Mi película favorita. Encantadora, tierna, profunda. Para mí se quedará así. Como ese amor de...

  • cris:

    Carmen, estoy de acuerdo contigo. Ninguna variante es inferior a otra. Un idioma que no cambia con el...

Escrito por Hector García Quintana